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Introducción
Basada, según el propio autor, en hechos reales, esta comedia aparece publicada por primera vez como El garrote más bien dado, en el volumen titulado El mejor de los mejores libros que ha salido de comedias nuevas editado en Alcalá, en 1651. Pertenece a una tradición de extraordinaria fuerza en nuestro teatro clásico: la de los dramas de abuso de poder, entre los que podríamos incluir Fuenteovejuna, Del rey abajo, ninguno, Peribañez y el Comendador de Ocaña o El mejor alcalde, el rey, que narran historias basadas en la fuerte tensión social existente entre nobles y villanos. Cuentan cómo un cortesano, a menudo un militar, irrumpe en la calma idílica del campo y atropella el honor del villano, que se ve obligado a tomarse la justicia por su mano, y cómo el rey, prudentemente, aprueba el castigo ejecutado.
Concretamente, en el drama que nos ocupa, se rentabiliza desde el punto de vista dramático un problema real: los tremendos desmanes que la soldadesca provoca impunemente sobre los ciudadanos y la obligación, para los habitantes de los pueblos y aldeas que se encuentran en el camino del ejército, de alojar a los soldados en sus casas.
Llevada dos veces a escena por la CNTC, en 1988 dirigida por José Luis Alonso y en 2000 con puesta en escena de Sergi Belbel y en coproducción con el Teatre Nacional de Catalunya, El alcalde de Zalamea es una de las obras más representadas y conocidas de nuestro teatro áureo.
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