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Sinopsis

El entremés como plato principal

El teatro breve es una parte fundamental de nuestra historia dramática, tanto que podríamos decir que cada época ha encontrado su reflejo específico en las formas dramáticas breves, que han constituido el envés de lo establecido o lo correcto, la espita por donde solían escaparse las contradicciones que contenía la sociedad que generaba la fiesta teatral.

Sin embargo, tras tantos siglos de producción, desarrollo y evolución, su presencia ha sido progresivamente apartada de las tablas a lo largo del siglo XX, aunque el esfuerzo de la crítica especializada ha sido, también en esta ocasión, fundamental para sacar de las profundidades del repertorio no sólo las obras, sino también el contexto en el que se escribían y representaban, dejando en evidencia una historia demasiado contundente para ser ignorada.
Hoy les presentamos unos entremeses. Así llamamos a estas pequeñas obritas, que, junto al resto de los géneros menores de nuestro periodo barroco (loas, jácaras, bailes y mojigangas) aparecen entre los “platos principales” de la fiesta teatral, que serían los actos de la comedia. Distender y entretener al respetable en un corto espacio de tiempo exigía situaciones fácilmente comprensibles y personajes cuya referencia fuese inmediata para el espectador, formando la vida urbana y los tipos cotidianos sus pilares argumentales. La gran cantidad de ellos que se escribieron y representaron en su época nos da idea de la importancia que los autores barrocos concedían a este género dentro de la producción teatral.

Y es que seguramente el entremés es la manifestación artística más cercana al espíritu barroco, y no sólo en su vertiente grotesca; la parodia de la comedia, el aliento carnavalesco o la desesperación costumbrista en clave de humor derivan en una efectiva transgresión teatral que cultivaron nuestros principales autores.

Pero no podemos decir que haya sido un género afortunado en la posteridad. Únicamente los entremeses de Cervantes han sido representados con cierta asiduidad en el ámbito del teatro profesional, quedando olvidados grandes entremesistas como Quiñones de Benavente o autores tan relevantes como Moreto o Calderón de la Barca, cuya faceta entremesil se está reivindicando con fuerza en los últimos tiempos.

En la historia de la Compañía Nacional de Teatro Clásico se han representado obras breves sólo en tres ocasiones: las piezas de Calderón y de Quiñones que se insertaron en el espectáculo Fiesta barroca, dirigido por Miguel Narros, con versión de Rafael Pérez Sierra en 1992; una selección de entremeses de Miguel de Cervantes para el montaje Maravillas de Cervantes dirigido por Joan Font y en versión de Andrés Amorós en el año 2000, y los cuatro Sainetes de Ramón de la Cruz que dirigió Ernesto Caballero en el 2006.

En esta ocasión les proponemos que disfruten de un espectáculo que hemos encargado a cuatro directores que han estado vinculados estrechamente al trabajo que hemos desarrollado en la Compañía en esta etapa que comenzó en el año 2004. Con seguridad aportarán su manera propia de leer y representar a los clásicos después de haber pasado tanto tiempo entre ellos. Cuentan con un entusiasta equipo de actores, jóvenes y veteranos, y con la mirada de uno de los dramaturgos más interesantes y activos de su generación, que se ha encargado de la versión; para nosotros es seguramente el paso lógico tras el desarrollo y consolidación de la Joven Compañía Nacional. Así que les ofrecemos entremeses como plato principal en esta ocasión, algo que no está tan alejado en estos tiempos de nuevas cocinas; esperemos que sea de su agrado.

Eduardo Vasco

Director CNTC (2004-2011)