Estrenada en palacio durante las carnestolendas de 1650
por la compañía de Diego Osorio, se convierte en una obra
frecuentemente representada en años sucesivos en diferentes
escenarios de la Corte. Impresa en la Tercera parte
de comedias de D. Pedro Calderón de la Barca en 1664, se
conserva, afortunadamente, un manuscrito autógrafo en la
Biblioteca Nacional.
En Trinacria, Focas será el padre atormentado que debe
resolver el enigma que le angustia: encuentra dos jóvenes
salvajes, de los cuales uno es su hijo y el otro es el hijo del
emperador Mauricio, su desaparecido enemigo al que derrotó
y usurpó el trono. Ante el peligro que se plantea para su
propia sucesión, tendrá que averiguar cual de los dos es su
hijo o matar a ambos.
Un sucesor y un enemigo potencial, la duda y la certidumbre,
la razón de Estado y la legitimidad, el amor y el
odio hacen de esta obra una de las grandes cuentas pendientes
que tenemos el placer de saldar con el gran repertorio
calderoniano.
Jornada primera
FOCAS
Yerto Cadaver, en quien
a despecho del veloz
tiempo, a pesar de las canas,
y injuria de escarcha y sol,
todavía en mi memoria
guarda la imaginación
aquellas primeras señas
con que te vi embajador,
¿cómo aquí? Pero no quiero,
que te asuste mi rigor,
cuando debo, agradecido
al no esperado favor
del hallarte las albricias.
Alza del suelo, y tu voz
me diga, si es de Mauricio
el hijo, que reservó
de mis iras tu lealtad,
uno destos.
ASTOLFO
Si, señor,
el uno de los dos es
hijo de mi emperador,
a quien (porque nunca diera
en manos de tu furor)
crié en estos montes, sin que
sepa quien es, ni quien soy;
porque el tenerle así tuve
a inconveniente menor,
que el mirarle en tu poder,
ni de una gente, que dió
obediencias a un tirano.
FOCAS
Pues mira cuan superior
el hado a la diligencia
manda. ¿Cual es de los dos?
ASTOLFO
Que es uno de ellos diré,
pero cual es dellos no.
En la vida todo es verdad y todo mentira
Calderón de la Barca