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Textos

Cuando hace ya veinte años tuve ocasión de poner en escena la deliciosa comedia mitológica Eco y Narciso, trabé relación con el catedrático Antonio Regalado que me descubrió, entre otros muchos arcanos calderonianos, esta desconocida joya que ahora la CNTC ha tenido el acierto de presentar y la gentileza de encomendarme su puesta en pie. A este insigne especialista, conocedor profundo y entusiasmado de la obra del dramaturgo madrileño, quiero dedicar este trabajo escénico.

En la vida todo es verdad y todo mentira es un drama complejo en el que se concitan muchas de las características de la vasta y heterogénea obra de don Pedro Calderón de la Barca. Por una parte, se trata de un drama filosófico, emparentado con La vida es sueño, donde la problemática barroca entre apariencia y realidad se encarna en la figura del tirano Focas, incapaz a lo largo de toda la obra de alcanzar una certidumbre que oriente sus acciones. Esa suspensión de juicio (epoké) irá abismando al protagonista en un creciente estado de desasosiego que le llevará a recurrir a las artes del mago Lisipo para que disponga una representación dentro de la representación y así poder vislumbrar alguna evidencia capaz de aquietar su ánimo.

Nos encontramos, además, ante un texto eminentemente político que aborda abiertamente la cuestión de la legitimidad del poder y de la razón de Estado. La tesis que se desprende del drama, contraria a la teoría maquiavélica que recomienda al gobernante que se valga de cualquier medio, lícito o ilícito, para lograr sus objetivos políticos, se decanta hacia las doctrinas probabilistas, defensoras de favorecer al acusado en caso de ausencia de culpabilidad; el principio jurídico in dubio pro reo. Heraclio, el príncipe legítimo lo enunciará con claridad: “una vida vale más que un reino”.

En el escenario fantasmagórico de una isla poblada por músicos y cazadores se desarrolla esta trama alegórica construida sobre una obsesiva estructura bimembre en la que el autor levanta un vibrante retablo cargado de simbología que rehúye toda pretensión de verosimilitud realista. Se trata de un refinado dispositivo escénico donde las imágenes, las palabras y la música se amalgaman en los cuerpos transfigurados de los actores. Los románticos alemanes lo llamaron teatro total.

Un texto que hemos pretendido abordar desde el asombro y la humildad, evitando la mirada prepotente de quien considera nuestro momento histórico superior en todos sus aspectos a cualquier otro tiempo pasado; un momento, el presente que, dicho sea de paso, y a la vista de lo visto, tiene poco de lo que enorgullecerse. Sea como fuere, nuestro Barroco, brillante y paradójico, nos habla de ideas y costumbres insólitas y periclitadas aunque no por ello, menos dignas de ser apreciadas, al tiempo que nos ofrece una inestimable ventana desde donde contemplar y comprender nuestra enmarañada realidad. Y es que la angustia de Focas acaso también sea la nuestra, arrojados igualmente a un incierto escenario e incapaces de discernir cuánto hay de verdad o de mentira en el torrente de información que recibimos a diario.

Ernesto Caballero / Director del montaje